CAMINANDO, AL VIAJERO LE BROTAN DE SUBITO ALAS EN EL ALMA, DESCONOCIDOS MUNDOS EN EL MIRAR

miércoles, 19 de julio de 2017

ACANTILADOS DEL ALFOZ DE LLOREDO

Buscando incansablemente lugares para recorrer y sentir, decidimos visitar el día 17 de julio de 2017, el camino que transita por los acantilados del Alfoz de Lloredo, entre Torriente y la Playa de Luaña, enmarcados dentro de la Comunidad Autónoma de Cantabria. Pulsa en el "play" y comenzamos el paseo.
Nuestros pasos comienzan en Torriente, con la vista de la Ermita de San Pedro hacia el sur,  donde analizamos todos los datos de la ruta, pudiendo descargar el itinerario en el siguiente enlace: ACANTILADOS DEL ALFOZ DE LLOREDO  
Salimos por la parte norte del Barrio de Torriente
entre una delicada y suave neblina matinal que se extiende sobre el valle
y tras terminar el camino asfaltado
nos asomamos sobre el altivo balcón que forma la Punta Calderón
tomando contacto con el aliento fresco y salado del Cantábrico.
El camino discurre pegado al acantilado
mientras va descubriendo bellezas naturales que nos van dejando un buen "sabor de boca".
Alcanzamos la parte alta de la Punta Calderón
divisando un impresionante escenario, tan intrépido y audaz, que purifica y fortalece todos nuestros sentidos.
Seguimos sin prisas y sin pausas, bajo un fino y sensible manto nebuloso que ocupa el interior del valle,
escrutando los hermosos contrastes entre el mar y la tierra
y admirando la portentosa belleza de estos enérgicos y robustos acantilados.
Continuamos por pequeñas trochas,
acariciados por un verde que nos abruma e inunda
entre henos y frescos pastizales,
donde pacen tranquilamente y toman abundante alimento, una gran manada de caballos.
El itinerario nos va dejando enormes satisfacciones visuales
con estupendos paisajes
y soberbias panorámicas
que convierten la ruta en un sosegado y fantástico paseo.
Llegamos a la espectacular desembocadura del Arroyo Cueva del Valle,
remontando por su pequeño caudal
que se desliza por un suave desfiladero,
encontrando la nitidez de bellos colores entre su mas profunda umbría.
El paseo por este maravilloso escenario nos sigue provocando un inmenso placer,
percibiendo un gran encanto y seducción al caminar entre estos grandes colosos.
La senda esta jalonada por infinitas "portezuelas" y numerosos "pastores eléctricos" y hay que cruzarlos con sumo cuidado.
En el recorrido también podemos observar los ingeniosos mecanismos populares para la obtención de algas marinas. Sencillamente "genial".
Sin darnos cuenta, hemos descendido hasta este extraordinario caos granítico,
así que ahora nos toca remontar por un tupido helechal en el que se esconden numerosas plantas que no dudan en dejar su señal en nuestras piernas.
El esfuerzo tiene su recompensa con esta brutal escenografía,
mientras las ágiles contorsiones del camino
nos enseñan preciosas estampas
que culminan con el equilibrio vigoroso de la Punta de la Sartén, también llamada Carrastrada.
Deambulamos por suaves ondulaciones
de verdes praderas
que forman un prodigioso balcón
que despuntan al abismo del indómito Cantábrico.
Continuamos por el precipicio del acantilado,
entre refrescantes seles por donde pasta una infinidad de ganado vacuno
y con las vistas en lontananza del municipio de Cóbreces.
Abandonamos la Punta de la Sartén
cautivados por la belleza de esta feroz, cruel y despiadada Costa Cantábrica,
que al momento se tranquiliza y sosiega
en una parsimoniosa placidez.
La serenidad y la calma del camino
vuelve a contrastarse ante la verticalidad de la Punta de la Rebollera
que luce al final de la preciosa y luminosa ensenada
donde se encuentra enclavado el Molino Bolao y la pequeña cascada que forma el Arroyo de la Presa.
Descendemos hasta el molino,
cruzando sus vestigios por el incipiente caudal del arroyo
y ascendiendo por la pequeña meseta que forma la Rebollera.
Pequeños prados 
y prominentes escarpados
nos van acompañando hasta la Punta Ruiloba
que cierra al oeste la clara y radiante Playa de Luaña
que hoy viste con sus mejores galas.
Bajamos hasta Cóbreces
visitando la Abadía de Santa María de Viaceli
y su Iglesia de San Pedro.
Por caminos interiores regresamos hasta el Molino Vallejo
a las afueras de Toñanes, continuando por carretera 
hasta el Barrio de Caborredondo.
Por su parte norte tomamos un amplio camino
por las zonas del Rodero y Valdemar,
encontrando numerosas y abundantes caracolas,
finalizando nuestra ruta sobre los prados de La Canal, de nuevo en Torriente.
Recuperamos fuerzas en el restaurante Las Sopeñas, en Oreña
y a continuación a la Playa de Luaña
para disfrutar de un reparador baño en aguas cantábricas.
La tarde declina entre la suave brisa del mar y este viaje termina llevándonos unas intensas y productivas experiencias que nos han regalado estas bravías tierras del Alfoz de Lloredo.
Saludos de "COMANDO SENDERISTA".
Hasta una próxima aventura.
ÁLBUM DE FOTOS EN: ACANTILADOS DEL ALFOZ DE LLOREDO